CINE
Otilia Rauda
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OTILIA RAUDA Sinopsis

OTILIA RAUDA tiene diez y seis años. Su rostro está marcado por un gran lunar congénito que cruza sus facciones (los estándares establecidos lo calificarían de “feo”), pero su cuerpo ya atrae de modo irresistible las miradas masculinas. Sus padres, CRUZ e ISAAC, propietarios rurales de buen pasar, intentan enmascarar sus curvas y turgencias vistiéndola con ropas holgadas. Pero es casi en vano.
Ya adolescente, el erotismo se desprende de su figura de modo espontáneo y arrasador y, lo que resulta aún más afligente para CRUZ e ISAAC, es que la muchacha misma manifiesta la urgente demanda de una satisfacción sexual plena.
El excepcional atractivo de Otilia no pasa desapercibido en el pequeño pueblo en el que vive. Circulan maledicencias y comentarios lascivos que, naturalmente, alcanzan los oídos de sus padres. La reacción de ISAAC es radical: amenaza de muerte a quien se atreva a acercarse a su hija. La genérica amenaza alimenta los prejuicios de las familias de las clases presuntamente altas, las que fabulan oscuros y tal vez satánicos peligros en los estremecimientos eróticos que despierta OTILIA. Así es como se establece un dispositivo de cerrojo en torno a la muchacha, ya que por temor a Don ISAAC, o por prohibición familiar, ningún joven se atreve a acercársele.
OTILIA vive esta circunstancia con angustia y desencanto. La única compañía masculina que le es tolerada es la de MELQUIADES, un muchacho muy pobre, de enorme estatura, cojo a causa de un accidente, de no muchas luces, considerado por todos como absolutamente inofensivo y víctima frecuente de desprecios y burlas, cuya perruna fidelidad a la familia Rauda está fuera de duda. MELQUIADES también carga con la dudosa fama de poseer un órgano sexual a escala de su estatura. Esta “cualidad” de MELQUIADES es conocida por OTILIA, quien, todavía niña, y aprovechando sin pudor la fidelidad que aquél le guarda, lo persigue hasta casi obligarlo a que le muestre su pene. En esa circunstancia, MELQUIADES comprueba que ante OTILIA no tiene erección... y es así como este episodio será por siempre vivido por él como el momento en el que quedará definitivamente hechizado por la muchacha, atado a ella de por vida.
La frustración de OTILIA la lleva finalmente a emplazar a sus padres: o la casan pronto o huye rumbo a la ciudad para liberarse como fuera. Don ISAAC toma con toda seriedad la amenaza y comienza a buscarle marido. Pero, prisionero de los mismos valores sociales que condenaran a su hija, busca un hombre a quien no le importe ser cornudo ya que descuenta que cualquier marido de OTILIA lo será. Así es como decide casarla con ISIDRO PEÑA, un carnicero devenido funcionario policial, con fama de canalla, ambicioso, bebedor, frecuentador de lupanares, de “buen apellido” pero de notoria mediocridad. De nada valen las protestas de OTILIA, Don ISAAC la entrega en matrimonio junto con una buena suma de dinero para que el ruin ISIDRO instale una espléndida carnicería.

Como era de presumir, en ese matrimonio no hay amor, ni afecto, ni genuina relación sexual: apenas posesión ocasional. Por otra parte, los hábitos de ISIDRO no cambian. Poco tiempo después de la boda contagia a OTILIA una enfermedad venérea que contrajera en un prostíbulo. La consecuencia es atroz: OTILIA queda estéril. Es entonces que la muchacha, alimentada por la frustración y el resentimiento, convierte su legítimo deseo de plenitud sexual en instrumento de venganza. Deja de mantener relaciones sexuales con ISIDRO y, segura del efecto que provoca en los hombres, se entrega al adulterio de modo casi frenético, cumpliendo escandalosamente con el vaticinio de su padre. En esta “tarea” cuenta con la complicidad de MELQUIADES y de la madre de éste (GENOVEVA, a quien la mediocridad ambiente califica de bruja).
Tiempo después los padres de OTILIA mueren. El episodio aleja aun más a OTILIA de ISIDRO. La vieja finca familiar se convierte en el refugio de su profunda soledad. Aunque sigue coleccionando amantes, nunca los lleva a esa casa. Y es precisamente en casa de sus padres, donde un día, OTILIA, que acaba de llegar, descubre marcas de sangre. Alarmada, toma un arma y sigue el trazo hasta dar con el cuerpo sólido pero inerte de un hombre. Por una notorio cicatriz en su vigoroso rostro, OTILIA lo identifica: se trata de RUBEN LAZCANO, un mítico bandido, valiente y peligroso, que ha logrado eludir una y otra vez la persecución policial. El hombre sangra profusamente de una profunda herida en la ingle. OTILIA, oscuramente atraída por el hombre, y viendo en éste un instrumento de venganza contra ISIDRO, pide ayuda a GENOVEVA y MELQUÍADES. Estos, aunque temerosos de las consecuencias, aceptan. Comienza entonces la ardua tarea de curar clandestinamente a RUBEN LAZCANO. El proceso es largo y doloroso... Pero es durante este tiempo que OTILIA, por primera vez en su vida, experimenta tanto el éxtasis como el desasosiego que comporta el sentimiento del amor. RUBEN LAZCANO pasa a ocupar todos sus pensamientos y sus acciones. Lo cuida, lo arrulla, lo baña, le hace largas confidencias, en una actitud de entrega que incluye gestos casi maternales y caricias refinadamente eróticas. A OTILIA parece no importarle si RUBEN está lúcido o no; si registra o no sus palabras y sus gestos. Bordeando la alineación, prefiere dar por descontado que sus sentimientos son compartidos. Lo que es seguro es que en momentos de lucidez, RUBEN se manifiesta parco y alerta, sin hacer referencia alguna a la actitud de OTILIA ni a sus propios sentimientos.
Quien soporta mal la situación es MELQUIADES. Por primera vez siente celos. Nunca los había sentido ante los innumerables “affairs” de OTILIA de los que fuera hasta entusiasta cómplice. Esta vez tiene la certeza de que algo inédito sucede, algo que lo excluye radicalmente. Por un momento, hasta fabula con matar a RUBEN. Pero no se atreve, ya que sabe que un acto tal le acarrearía el eterno odio de OTILIA. De todos modos habla con ella, le dice que RUBEN le ha confiado que se marchará en cuanto se recupere, le asegura que será abandonada. Es en vano. OTILIA ya ha ido mucha más lejos, ya imagina, por ejemplo, una fuga a los Estados Unidos en compañía de su amor. Entretanto, en la febril espera, OTILIA alterna su tiempo entre la finca y la casa que comparte con ISIDRO en el pueblo. A través de éste (ahora jefe de policía), interrogándolo con astucia, consigue informarse acerca de la marcha de la búsqueda policial. Por su lado, ISIDRO sospecha que OTILIA tiene algún nuevo amante, pero ni imagina que pudiera ser el prófugo RUBEN LAZCANO (situación que OTILIA goza particularmente).
Finalmente, la cura que conduce GENOVEVA en base a sus conocimientos de medicina popular resultan eficaces y RUBEN LAZCANO se recupera. Entonces OTILIA, dando por descontado que sus sentimientos son compartidos, le confiesa su amor y sus planes de fuga conjunta. Pero RUBEN no asume otro sentimiento que el de gratitud y manifiesta que prefiere seguir solo. Las fabulaciones de OTILIA parecen desvanecerse amargamente. Pero inmediatamente antes de partir, sorpresivamente, RUBEN le ruega que se desnude. Es entonces que, como confirmando las expectativas de OTILIA, se produce entre ésta y RUBEN un apasionado encuentro sexual. OTILIA nunca había atravesado una experiencia de tal plenitud. Pero la decisión de RUBEN no se modifica. OTILIA parece no acusar el golpe, y aun ante la evidencia de que RUBEN se marcha, asegura que él volverá y que ella lo estará esperando.
Comienza un inacabable y angustioso periodo de espera. OTILIA enarbola su certeza contra toda evidencia. Sus conductas cambian: deja de acostarse con sus amantes y se mantiene obsesivamente alerta ante cualquier señal de RUBEN. Pero su ánimo es inestable. En determinada oportunidad, algo bebida, y en respuesta a un ataque de celos de ISIDRO, quien amenaza con matar a un presunto amante llamado LUIS PEREZ, OTILIA le dice con el exclusivo ánimo de mortificarlo- que a quien debería matar es a RUBEN LAZCANO, de quien ella está verdaderamente enamorada. A partir de entonces, la obsesión por el ausente RUBEN es común. Ambos, por opuestas razones, desean fervorosamente su reaparición. Hasta que un hecho precipitará la historia: ISIDRO, gozando de la revancha, informa a OTILIA que RUBEN ha estado en un burdel cercano con un PROSTITUTA (“puta por puta, eligió a la otra”). OTILIA no le cree... pero se entrevista con la PROSTITUTA y el dato resulta cierto. Y no sólo eso: pareciera seguro que RUBEN LAZCANO mantiene mujer e hijos en algún oculto lugar del monte virgen. OTILIA, anclada en la certeza de que su pasión era compartida por RUBEN, interpreta la noticia como una traición. OTILIA intenta convencer a ISIDRO de que antes de matar al fugitivo le permita verlo vivo. Ante la resistencia de ISIDRO, ella le ofrece acostarse con él una vez más (una única vez). OTILIA envía a MELQUIADES al monte en busca de RUBEN para prevenirlo y salvarlo de las huestes de ISIDRO, y este, faltando al compromiso adquirido con su mujer, manda a DOS POLICIAS a capturar y matar al hombre que lo obsesiona. Pero el plan fracasa, puesto que RUBEN descubre a los POLICIAS y los mata. RUBEN encuentra a MELQUIADES y dando por descontada su peligrosidad, y en recuerdo de los tiempos en la finca en que fue salvado por OTILIA, RUBEN se sincera frente al sirviente y habla de los sentimientos amorosos que guarda hacia OTILIA. MELQUIADES al reconocer la posible amenaza de que algún día RUBEN pudiera volver y alejar a OTILIA de su lado, lo mata por la espalda.
Días después, de noche, MELQUÍADES regresa a la finca, cargando con el cadáver de RUBEN LAZCANO. Lo que imaginara como goce de venganza se le convierte en indisimulable y espantado arrepentimiento. MELQUÍADES reconoce lo inevitable de sus actos y la perdida para siempre de OTILIA. Ambos quedan desolados. Intercambian caricias de mutuo e inútil consuelo. “El era bueno, y yo ya me volví malo”, dice MELQUÍADES. Y luego, como cumpliendo un ritual obligatorio, MELQUÍADES acuchilla a OTILIA, quien se entrega sin la menor protesta ni resistencia.

 
 

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